Fukushima, cronología de un accidente

El terremoto y posterior tsunami que arrasaron Japón el 11 de marzo ha provocado uno de los accidente nucleares más graves de la historia. Aunque las consecuencias de este accidente están por determinar, difícilmente alguien podrá olvidar el nombre de la central afectada, Fukushima.

14 horas y 46 minutos. Japón. “Sobrecogida”. Así se sintió la joven Tana Oshima, residente en Tokio, apenas unos minutos después del terremoto que ha asolado su país. Conseguimos hablar con Oshima poco después de que hable con su familia y nos confirma que “todos están OK”. Miles de personas intentan, al igual que Oshima, contactar con su familia después de que un terremoto de grado 9 en la escala Richter sacudiera la tierra a 130 km de la costa noreste del país nipón. Como consecuencia del terremoto un tsunami impacta sobre la costa japonesa a más de 400 kilómetros por hora arrastrando todo lo que encuentra a su paso hasta casi 10 km hacia el interior del país.

A los pocos minutos del seísmo las centrales nucleares cercanas se paran automáticamente como medida de seguridad. El seísmo no provoca daños graves en las cent rales, pero el tsunami comienza a causar serios problemas en varias centrales situadas en la costa. A las 15:00 se decreta el estado de emergencia en 11 centrales nucleares del país. Entre ellas se encuentra la central de Fukushima-Daichi (Fukushima en adelante), que empieza a tener problemas para refrigerar algunos de sus reactores. A las 15:46 se confirma que los motores diesel que deben dar suministro eléctrico el reactor en caso de emergencia están estropeados debido a la entrada de agua. Comienzan las evacuaciones por precaución.

La central de Fukushima tiene 6 reactores, de los cuales solo 3 estaban en funcionamiento en el momento del accidente. El tipo de reactor de esta central es el llamado BWR, por sus siglas en inglés de Reactor de Agua en Ebullición. En este tipo de reactores el agua alcanza la ebullición en el núcleo, debido a la energía liberada por las reacciones de fisión, y el vapor resultante se utiliza para mover las turbinas que generan la electricidad. El núcleo del reactor está formado por unos tubos que contienen dentro el combustible, óxido de uranio, que se encuentra en estado sólido. Estos tubos, compuestos de una aleación especial de zirconio suponen la primera barrera de protección. El simple hecho de unir las barras de combustible provoca un aumento de la temperatura que, de no ser controlado, podría provocar la fusión del las barras. Para evitar esto el núcleo se inserta a su vez en una vasija y se cubren con agua las barras que contienen el combustible. El agua actuará como mediador en la reacción y como refrigerante. La vasija es la segunda barrera de confinamiento, y es capaz de contener al núcleo a altas temperaturas. Todo el conjunto se encuentra dentro del denominado edificio de contención, construido con hormigón armado y de varios metros de ancho. Esta estructura es la última barrera que evitaría fugas en caso de fusión del núcleo. Finalmente se encuentra la estructura exterior llamada edificio del reactor, que no supone ninguna barrera.

Sábado 12 de Marzo. “He llegado al trabajo y no hay nadie. Solo estamos mi jefe y yo”. Héctor García, residente en Tokio, describe la situación de desorientación que viven muchos de los residentes en la capital 18 horas después de la catástrofe. Mientras tanto, 250 km al norte, los operarios de Fukushima siguen tratando de reponer el suministro eléctrico de la central.

A las 4:00 trasladan varios generadores de gasoil en camión hasta la central, pero problemas aún sin aclarar impiden su conexión a la red eléctrica. Las dificultades para mantener el reactor 1 refrigerado obligan a iniciar una serie de escapes controlados de vapor radiactivo, llamados venteos, que permitirán que la presión se reduzca y la temperatura se mantenga estable. El vapor liberado se mantiene en el edifico del reactor durante un tiempo antes de ser liberado a la atmósfera para reducir su nivel de radiactividad, que apenas dura unos minutos y no tiene consecuencias sobre la salud o el medio ambiente. Pero el vapor se encuentra a una temperatura suficientemente alta como para que el oxígeno y el hidrógeno se separen formando una gas muy inflamable. A las 6:30 una explosión produce daños en la parte superior del edificio del reactor, sin afectar a ninguna barrera de contención. Cuatro trabajadores de la central resultan heridos.

17:30 La AIEA fija el accidente de Fukushima como nivel 4 en la escala INES. Este  es el nivel más bajo de los accidentes, siendo los niveles de 0 a 3 clasificados como incidentes que no conllevan parada del reactor. El nivel 4 corresponde a accidente sin riesgo fuera del emplazamiento. Aún así, el protocolo exige que aumente el radio de seguridad en torno a la central a 20 kilómetros. Más de 170.000 personas son evacuadas.

La temperatura del núcleo sigue en aumento por la falta de refrigerante y los responsables de TEPCO (compañía eléctrica de Japón responsable de la central) proponen la utilización de agua de mar mezclada con boro para refrigerar el núcleo. El Consejo de Seguridad Nuclear de Japón (NISA) da el visto bueno y los trabajos de refrigeración comienzan a las 19:20.

Domingo 13 de marzo. La situación en las zonas menos afectadas empieza a normalizarse, aunque los fallos en varias infraestructuras, especialmente los transportes de la capital, dificultan el día a día de los japoneses. “Me han llamado del trabajo para decirme que no vaya a trabajar, sería imposible ir hasta el otro lado de la ciudad”, Nacho Valo, residente en Tokio.

En Fukushima la situación empeora al detectar que el reactor número 3 también presenta problemas de refrigeración. Comienzan un procedimiento similar al realizado para refrigerar el reactor 1, y advierten de la posibilidad de otra explosión por la acumulación de hidrógeno. La explosión se produce a las 11:01, dañando el edificio externo del reactor pero sin provocar daños aparentes en la contención. Poco después, en el reactor 2 comienza a descender el nivel de refrigerante aumentando el calor de forma alarmante.

Lunes 14 de Marzo. 12:00. Madrid. La presidenta del foro nuclear, Maria Teresa Domínguez, confirma que la situación está controlada en los reactores 1 y 3. Las maniobras de refrigeración utilizando agua de mar con boro han resultado efectivas y la energía que desprende el reactor 1 apenas alcanza un 0.02% con respecto a la de funcionamiento. Ante la pregunta sobre posibles fallos que agraven la situación de la central asegura que “no es previsible que la situación empeore, el tiempo corre a nuestro favor”. Pero la realidad en Fukushima es muy diferente, los operarios no son capaces de controlar la temperatura en el reactor 2.

Martes 15 de Marzo. La situación comienza a agravarse. A las 4:14 una explosión en el reactor 2 provoca daños en la vasija. Por primera vez los niveles de radiación en la central comienzan a ser preocupantes, alcanzando los 8 mSv por hora. Apenas dos horas después (6:54) se produce una explosión y un incendio en el reactor 4. Los niveles de radiación superan los 400 mSv/h en este reactor. Comienza la evacuación de todos los trabajadores no imprescindibles. En la central se mantienen solo 50 que intentan refrigerar el reactor 2 para minimizar la fuga. Estos 50 trabajadores serán sustituidos por otro grupo cada cierto tiempo para evitar que reciban niveles altos de radiación.

La OIEA ofrece los datos sobre radiación en sievert (Sv). Esta unidad mide la dosis de radiación absorbida por materia viva. Usualmente se utiliza mili-sievert (mSv), una milésima parte de un Sv, dado que los niveles de radiación no suelen alcanzar valores tan altos. El promedio de radiación natural que recibe un ser humano por año es de 2’4 mSv. Las dosis a partir de la cual hay peligro de muerte directa ha de superar los 1.000 mSv. Según el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), el límite de exposición para el público no debe superar 1 mSv al año y los operarios que trabajan con material radiactivo no deben superar los 50 mSv al año,  ni 100 mSv en cinco años.

Con el paso de las horas, la situación empeora en los reactores que estaban parados en el momento del seísmo (4, 5 y 6). A las 7:00 se detecta un descenso en el nivel de agua de las piscinas de combustible de los tres reactores. Estas piscinas almacenan y mantienen refrigerado el uranio usado en el reactor que, aunque es menos activo, se encuentra en una cantidad muy superior a la que hay en el núcleo.

El paulatino descenso en el nivel del agua de las piscinas provoca que el uranio quede al descubierto y comience a emitir radiación.  En este caso no estamos ante una radiación que tiene que pasar varios niveles, como en el interior del reactor, sino que queda directamente expuesta al exterior. “Aquí todo lo que salga va al aire”, explica Eduardo Gallego, profesor de ingeniería nuclear de la UPM, “no hay posibilidad de poner filtros”.

Cae la noche en Japón y una replica de magnitud 6.2 sacude Shizouka durante 30 segundos a las 22:29. El seísmo deja más de 22.000 hogares sin suministro eléctrico. Esta última réplica es demasiado para algunos extranjeros. Michael Gakuran, residente en Nagoya, corre a preparar su maleta “no tener una bolsa de viaje preparada no está siendo una buena idea”.

Miércoles 16 de marzo. Mientras varios medios españoles hablan de éxodo y escasez de recursos, algunos españoles residentes en Japón lo niegan, “no hay escasez, no hay éxodo y no hay pánico, es duro ver lo mal que nuestras familias lo están pasando por culpa de las exageraciones de algunos medios”, Miguel Ángel Ibáñez, residente en Kyoto. Menchi Megumi, estudiante de español residente en Hyogo, critica también a los medios españoles y su “exagerada” atención a Fukushima y no a las víctimas del tsunami, “ya han muerto 23 en el refugio, y no ha sido por radiactividad, sino por frío y agotamiento”.

6:00 En Fukushima consiguen aportar suministro eléctrico a la unidad 3, mientras varios helicópteros militares lanzan agua sobre los reactores para intentar refrigerarlos. Los edificios de contención de los reactores 2 y 3 parecen dañados y se confirma que los núcleos están muy afectados.

Los últimos datos que llegan desde la central sobrepasan los límites de Rodrigo Fernández, que decide abandonar Japón y volver a Madrid, “va a ser el viaje más amargo de mi vida, pero volveré… lo prometo”.

Jueves 17 de marzo. Son las 16:00 hora española. Al cierre de esta edición la situación de Fukushima sigue sin estar bajo control. Los operarios continúan intentando mantener refrigerados los reactores y, al mismo tiempo, procuran que el nivel de las piscinas de combustible no siga descendiendo. Los últimos datos oficiales indican que la presión y la temperatura de los reactores se ha conseguido contener en cierta medida, al igual que el nivel de las piscinas, pero los niveles de radiación entorno a los reactores es superior a los 300 mSv/h lo que dificulta las labores de refrigeración.

El final de este catástrofe aún está lejos de definirse, pero no son pocos los que, como Juan Manuel García Ruiz, científico español residente en Japón, confían en una solución al drama de Fukushima; “la organización, el civismo y el amor por el trabajo bien hecho, me tienen convencido de que este pueblo admirable va a ganar esta guerra”.

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