Sobre fuentes y conspiranoias

En la tarde de ayer asistí a una charla de las que realiza “Café periodismo“. Terminando la charla se me ocurrió comentar que el CSIC era la fuente principal y que los periodistas debían (o debíamos depende del rango que me otorgue cada cual) tener en cuenta también a las universidades. Apenas unas horas después hice un comentario en twitter que desafortunadamente alguien interpretó de forma conspiranoica. Esos 140 caracteres no dan para mucho, y a veces pasa lo que pasa. Por eso, y dado que apenas tuve tiempo de profundizar en el tema durante el coloquio, me gustaría comentarlo aquí y así evitar (en la medida de lo posible) que se me asocie a teorías disparatadas.

Como bien comentó Patricia Fernández de Lis (redactora jefe de la sección de ciencias de Público) los investigadores no son seres imaculados y ajenos a la sociedad. Son individuos que tienen intereses y que en determinados momentos lucharán por defenderlos. Creo, en mi modesta opinión, que la idea que subyace tras esta afirmación está relacionada con el hecho de la que ciencia no es un juego. Me explico. En muchas ocasiones observamos la comunicación de la ciencia como un mero entretenimiento y no es poca la gente que tiende a pensar que la información científica está más cerca de un hobby que de ser auténtica información, útil y necesaria para el desarrollo de una democracia saludable. No debemos perder de vista que la ciencia ha llegado a introducirse en la sociedad hasta tal punto que no son pocas las decisiones políticas relevantes avaladas por expertos investigadores. Desde el importante sector energético, pasando por tecnología de alimentos, meteorología, biomedicina etc. En este contexto las fuentes, aunque sean científicas, deben ser escrutadas con más detenimiento.

Una de esas fuentes, es el CSIC. Este organismo, que  posee un gran departamento de comunicación, se ve favorecido por tener una estructura tal que facilita mucho la vida a los periodistas. Un porcentaje importante de la investigación española que se difunde en los medios proviene de este organismo. Mi pregunta fue ¿somos conscientes los periodistas de que el CSIC es una fuente controlada directamente por el gobierno de turno? Al contrario que las universidades que están (o al menos deberían) gobernadas por la propia comunidad universitaria, el CSIC no está controlado por la comunidad científica, convirtiéndose en casos concretos en un arma política. Pero no una cualquiera, sino en una que está respaldada por la autoridad que confiere la ciencia.

Aprovechar este razonamiento para construir teorías conpiranoicas en las que los gobiernos sucumben a la presión de los diabólicos lobbies, es un exceso absurdo. Simplemente es una llamada de atención sobre un hecho que algunos (o al menos yo) hemos pasado por alto, y es que el CSIC, en circunstancias puntuales, puede ser una fuente parcial, dando información más próxima a los intereses del gobierno de turno.

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Comments
One Response to “Sobre fuentes y conspiranoias”
  1. Rafael dice:

    No podría estar más de acuerdo con lo que comentas. Solo hay que observar como ciertos métodos, procedimientos e incluso medicinas y tratamientos avalados por ciertas instituciones “científicas” más tarde son prohibidas al demostrar que lo estudios que avalaban su seguridad no eran completos. Esto pasa con frecuencia, así que tu reflexión no me parece para nada una conspiranoia, sino una reflexión lógica.

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