“La dieta mediterránea nos proporciona un patrón alimentario perfecto”

Concepción Sánchez-Moreno González (Valdepeñas, 1972), Científica Titular del CSIC, ha sido galardonada con el Premio de Investigación de la Comunidad de Madrid “Miguel Catalán” 2010 en la modalidad Investigadores de Menos de 40 años. Desarrolla su trabajo en el Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Nutrición (ICTAN), en la especialidad de Funcionalidad y Nutrición. Se licenció en Farmacia (1995) en la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y en el año 2000 consiguió el premio extraordinario de doctorado tras leer su tesis en la especialidad de bioqímica, también en la UCM. A lo largo de su carrera investigadora ha realizado varias estancias en centros de investigación en el extranjero, recibiendo varias becas, entre las que destaca la Beca Fulbright con la que llevó a cabo una estancia de 2 años en el Human Nutrition Research Center on Aging en la Universidad Tufts, Boston, EE.UU. Tras finalizar su estancia posdoctoral se reincorporó al Instituto del Frío (llamado hoy ICTAN) con un contrato del programa Ramón y Cajal.

Como resultado de su carrera investigadora y de su elevada producción científica ha recibido varios Premios de Investigación, destacando entre ellos el Premio Joven Investigadora “Ibn Wafid de Toledo” de los Premios de Investigación e Innovación de Castilla-La Mancha 2006 y el Premio Joven 2007 en la Modalidad de Ciencia y Tecnología de la Fundación General de la Universidad Complutense de Madrid (2007).

Para empezar, no puedo hacer otra cosa que preguntar ¿qué es esto de tecnología de alimentos?

Resumir lo que engloba la ciencia y tecnología de alimentos es muy complicado. Existe toda una cadena de investigaciones que van desde la producción de los alimentos hasta su consumo, lo que llamamos farm to fork. Se pretende desde mejorar la producción de alimentos hasta, por ejemplo, potenciar sus efectos saludables. En nuestro grupo de investigación trabajamos en temas relacionados con alimentación y salud. Existen numerosos estudios epidemiológicos que muestran la relación entre la dieta y la salud, o dicho de otra forma, entre lo que comemos y la influencia que tiene en nuestro organismo. En concreto, una de nuestras líneas de investigación es el estudio de la actividad biológica de determinados constituyentes bioactivos de los alimentos vegetales, analizando los mecanismos o las claves de esta actividad.

Cuando se habla de tecnología de alimentos mucha gente tiende a pensar sólo en transgénicos

Eso es un error, la modificación genética es solo uno de los primeros posibles pasos de la cadena, pero como ya he dicho, la tecnología de alimentos estudia los alimentos desde su producción hasta su consumo, es un campo mucho más amplio.

Quizás en ese desconocimiento es donde radica el miedo creciente a la manipulación de alimentos

El problema del alarmismo es básicamente falta de información y por nuestra parte falta de capacidad para saber transmitir esa información. En la comunidad científica a lo mejor no sabemos explicar bien qué es lo que hacemos y para qué sirve. Quizás ese es nuestro error y deberíamos esforzarnos más. El público general no tiene por qué entender determinadas palabras técnicas o determinados conceptos, así que deberíamos aprender a transmitir lo que hacemos de forma llana. Al final, lo que hacemos, nuestras investigaciones, van dirigidas al consumidor, tratando de optimizar la producción y conservación, de conseguir alimentos de mayor calidad, de obtener alimentos funcionales, etc.

¿Piensas que, a veces, los medios contribuimos a aumentar la alarma?

Igual que yo entono el mea culpa, también está la preocupación por parte de los científicos sobre cómo los medios transmiten al público su actividad. Creo que es mejor por parte de los medios de comunicación ser precavido y no lanzar ciertas ideas que puedan causar falsos temores.

Con respecto al campo de la alimentación, es tan sencillo como que no hay alimentos buenos y alimentos malos. Simplemente es cuestión de sentido común, equilibrio entre los distintos tipos de alimentos, moderación en la cantidad, unido a un estilo de vida saludable.

Y un ejemplo de dieta equilibrada es la mediterránea ¿o es un mito?

No es un mito, es una realidad. La dieta mediterránea nos proporciona un patrón alimentario perfecto. Es variada y equilibrada y seguirla es muy positivo para nuestra salud. Desgraciadamente, es un patrón que estamos perdiendo. Además estamos cometiendo un doble error, alejándonos de la dieta mediterránea, abandonando la comida tradicional y comiendo en exceso. Creo que hay que transmitir la importancia de recuperar ese patrón alimentario y de su repercusión en la salud y en el bienestar.

Veo que insiste mucho en la moderación…

Esto es importante, la moderación en la comida es crucial para lograr el aporte necesario y adecuado de nutrientes para el organismo.

Quizá la moderación la perdemos al importar ciertos patrones alimentarios ¿cree que es un error?

Desde mi punto de vista es claramente un error. Los datos de obesidad infantil son cada vez más alarmantes. No tiene sentido que no aprovechemos nuestra situación geográfica, adoptando patrones alimentarios ajenos que se ha demostrado que no son muy adecuados ni recomendables para la salud. Es contraproducente, va contra nuestra propia cultura y las cifras cada vez más altas de obesidad en niños españoles lo dicen.

Pese a que la obesidad es un problema cada vez más grave, no parece que le demos tanta importancia como a otros tipos de trastornos alimenticios ¿por qué?

Aparentemente la obesidad no es considerada tan dramática como otro tipo de trastornos alimenticios. Sin embargo, la obesidad lleva asociada una serie de patologías, como colesterol elevado, hipertensión, diabetes, etc. que conllevan un deterioro importante y pueden dar lugar a un empeoramiento de la calidad de vida. Por ello creo que se debería tomar conciencia de la dimensión de este problema en la sociedad actual y darle la importancia que tiene.

Antes has dicho que se hacen alimentos funcionales, podrías explicar qué son

Son alimentos que proporcionan un aporte de compuestos bioactivos más allá del nutricional, ofreciendo beneficios para la salud y/o reduciendo el riesgo de enfermedades. Dentro de los alimentos funcionales, podemos hablar de alimentos tradicionales, como el aceite de oliva, que podríamos decir que es un alimento funcional natural, o de nuevos alimentos que se desarrollan añadiendo o ampliando sus componentes bioactivos, como por ejemplo la leche enriquecida en ácidos grasos omega-3.

Muchos de estos productos se anuncian afirmando que sus beneficios están científicamente demostrados ¿qué opinas de la utilización de este tipo de publicidad?

Eso es lo que se llama alegaciones nutricionales y de salud en el etiquetado de los productos alimentarios. Desde 2006 existe una reglamentación de la Comisión Europea que establece las reglas que deben seguirse por parte de la industria alimentaria para poder indicar en la publicidad y en el etiquetado que un alimento contiene propiedades saludables. Hoy en día no se pueden utilizar expresiones como “disminuye el colesterol” si no se demuestra científicamente este efecto en estudios de intervención controlados y aleatorizados.

¿Son los alimentos funcionales el futuro de la alimentación?

Categóricamente sí, pero no sólo los alimentos funcionales. La investigación nutricional está encaminada a colaborar estrechamente con las “ciencias ómicas”, tales como la genómica, la transcriptómica, la proteómica y la metabolómica. En este contexto es donde surge la nutrigenómica.

¿En qué consiste?

Cuando hablamos de la cultura alimentaria o de seguir el patrón de una dieta lo más parecida posible a la mediterránea, hablamos de forma genérica. Cuando tratamos casos particulares vemos que el problema es que una misma dieta tiene diferentes respuestas en diferentes personas. Para dar solución a este problema aparece la nutrigenómica, integrando la biología molecular en la investigación nutricional tradicional. Lo que se hace es estudiar la interacción que existe entre los genes y la dieta. El conocimiento de la variabilidad de los genes relacionados con determinadas enfermedades es fundamental para explicar las distintas respuestas fenotípicas de cada individuo a una misma dieta.

Entonces ¿tendremos dietas personalizadas?

La tendencia es ir hacia las dietas personalizadas. Dependiendo de nuestro genotipo y fenotipo tendremos unas recomendaciones nutricionales personalizadas.

Esto está empezando a ser una realidad. Existen varios grupos multidisciplinares, no sólo en la Comunidad de Madrid sino en toda España, intentando llevar a cabo ese tipo de acercamiento o de aproximación. Aunque es necesario mucho trabajo y la integración de equipos multidisciplinares, porque la información y la cantidad de datos que generan este tipo de estudios es tremenda, en un futuro no muy lejano podemos tener las recomendaciones de dietas personalizadas.

Llama la atención que en una época de hiperespecialización se recurra a grandes grupos multidisciplinares

Es absolutamente imprescindible y necesario trabajar en equipo y colaborar, buscando a los especialistas de cada disciplina en busca de un bien común. Estas colaboraciones conllevan sinergias que potencian los resultados de cada grupo de investigación.

Hablemos del premio que acaba de recibir ¿cómo sienta recibir un premio como el Miguel Catalán?

Que le reconozcan a uno su trabajo sienta muy bien, la verdad. Aunque te sientes un poco pequeño al verte de pronto al lado de investigadores como Miguel Ángel Alario. Me lo tomo como un reconocimiento a una carrera difícil, de mucho tesón y mucho esfuerzo. Además es una motivación para seguir, es una indicación de que parece que no vamos por mal camino, que gusta lo que hacemos y que además puede tener su importancia, su relevancia.

El premio se otorga a una trayectoria pero ¿hay algún mérito concreto que creas que ha sido especialmente importante?

El premio, tal como indica su denominación, es a la carrera investigadora hasta los 40 años, así que no es por un trabajo en concreto. Uno de los artículos por el que me siento especialmente orgullosa es el primer artículo que publiqué en 1998. Este artículo es uno de los más citados del CSIC en el área de ciencias agroalimentarias. De hecho, durante los años 2002-2008 se mantuvo en la posición número 1 de los artículos experimentales más citados del CSIC dentro de esta área. También en la concesión del Premio puede haber influido la estancia posdoctoral de especialización que realicé en Boston durante dos años, que, desde mi punto de vista, fue bastante productiva. Me fui con una beca Fulbright, y nunca perdí la conexión con mi centro de origen, el antiguo Instituto del Frío (hoy ICTAN). Pude aprovechar esos dos años con un alto rendimiento, publicando varios artículos en revistas de nutrición de excelencia por su elevado factor de impacto.

Podrías explicarnos en qué consistía ese artículo tan citado

En dos renglones, para no entrar en mucho detalle, lo que se hizo fue diseñar un método de medida de actividad antioxidante para alimentos y bebidas. En aquel momento la determinación de la actividad antioxidante era incipiente y además nuestro método era fácil de reproducir, lo que le dio más valor. Hoy en día este tipo de métodos tienen que ser complementados con otras medidas y se sigue profundizando en ello.

Eso de “actividad antioxidante” se oye mucho ¿podrías explicar en qué consiste?

 El sistema de defensa antioxidante se puede definir como la capacidad del organismo de combatir los efectos perjudiciales producidos por las especies reactivas de oxígeno. El organismo cuenta con un sistema de protección antioxidante endógeno y exógeno. Cuando este sistema resulta insuficiente para contrarrestar la oxidación producida tanto por procesos fisiológicos como por procesos ambientales, se produce lo que se denomina estrés oxidativo, relacionado con la aparición de determinadas enfermedades, especialmente las enfermedades degenerativas. La capacidad antioxidante de los alimentos constituye uno de los sistemas de defensa antioxidante exógenos de los organismos vivos.

Has recibido un premio a investigadores jóvenes ¿cómo crees que está la investigación desde el punto de vista de los jóvenes?

En la nueva Ley de la Ciencia se resuelven, en parte, algunos de los problemas que se planteaban los jóvenes, desaparecen las becas y se sustituyen por contratos, contratos predoctorales. Además se han creado los contratos de acceso, que van a garantizar 5 años a los investigadores con doctorado para desarrollar un proyecto científico similar al programa Ramón y Cajal que yo creo que ha sido bastante exitoso.  Aunque actualmente ha habido importantes recortes debido a la situación de crisis, disminución del número de plazas, menos becas y un buen hachazo en la financiación a proyectos, no creo que por eso haya que ser pesimista o haya que desanimar a los jóvenes o a aquellos que de verdad tengan ganas de dedicarse a la investigación científica. Es verdad que es importante, más que nunca en estos tiempos, el que las instituciones públicas y privadas no se olviden de la investigación. Deberíamos hacer un llamamiento a que en estos tiempos se siga valorando y se siga financiando la investigación que acaba repercutiendo en el bienestar de toda la sociedad.

Pero hay países que incluso en época de crisis no hacen recortes en investigación

Efectivamente, hay países en los que la innovación sigue siendo una apuesta de futuro, la siguen financiando y potenciando incluso en situaciones de crisis. Sin embargo, aquí en comparación con los años anteriores ha habido recortes. Es un paso atrás. Hemos llegado a tener una posición en la que poco a poco íbamos asomando la cabeza, pero ha llegado la crisis y ha parado esa progresión. Creo que ahí está la labor de transmitir que lo que hacemos es importante y que es importante para el desarrollo de un país. Y para mejorar este aspecto debemos potenciar la innovación, la transferencia del conocimiento al sector productivo, a la empresa. En resumen, que lo que hagamos repercuta en la vida cotidiana de la gente, que hagamos un zumo de mejor calidad o valor añadido, pero que te lo encuentres en el supermercado un tiempo después y lo puedas consumir. Si no ¿para qué sirve lo que hacemos? Hay que darle aplicación a lo que hacemos.

Tras tu paso por EE.UU. puedes decir que allí las cosas son diferentes en este sentido

Por supuesto. En EE.UU saben vender lo que hacen y tienen un marketing perfecto. Es algo cultural y que tienen muy claro todos los estamentos de la sociedad. Además, saben pasar de la investigación básica a la aplicada y venden lo que hacen buscando siempre una aplicación. Aunque eso también refleja el hecho de que la inversión privada en investigación es mayoritaria. Tienen empresas muy potentes aportando mucho dinero a la investigación y eso se nota.

Sin embargo, en España la inversión privada es escasa ¿cómo es la interacción con las empresas?

Aquí, en España, cuando te pones en contacto con alguna empresa para hablar de algún proyecto te das cuenta de lo difícil que es comprometer al sector privado con la investigación. Suelen tener la idea de que se requiere un compromiso a largo plazo y una empresa quiere resultados ya, a los seis meses de haber firmado un contrato. Les cuesta entender que hagas una serie de experimentos que pueden resultar fallidos o que tengas que hacer un rodaje o unas pruebas. Ellos quieren productos ya, para poder sacarlos al mercado y vender rápido. Es difícil que con esa mentalidad inviertan en proyectos de investigación, porque eso supone poner una financiación cuyo retorno no ven claro, o al menos, no a corto plazo.

Sin embargo las empresas del sector de la alimentación sí tienen departamentos de investigación

Sí, suelen tenerlos. Las empresas grandes los tienen, saben que para ellos es importante, sobre todo por el tema de la alimentación funcional. Para una empresa del sector de la alimentación la inversión en investigación e innovación es uno de sus objetivos, y probablemente consideren que esta inversión se recuperará de forma más inmediata liderando ellos dicha investigación. En cualquier caso, creo que ambas facetas no están reñidas y son perfectamente compatibles, pueden tener importantes departamentos de investigación propios, y además pueden colaborar con centros públicos de investigación, a través de proyectos conjuntos, para aunar esfuerzos.

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